Découverte
Yoga tántrico: cuerpo, mente y tradición

Dos miradas sobre una práctica ancestral, entre espiritualidad y controversia
El yoga tántrico para la nueva generación

Hoy en día, el yoga nunca ha sido tan popular. Sus numerosos beneficios, bien documentados, atraen cada año a más practicantes hacia esta disciplina que combina ejercicio y meditación. Existen muchas formas de yoga, cada una con sus propios matices, y entre ellas se encuentra el yoga tántrico, menos conocido por el gran público, pero heredero de una tradición especialmente antigua.
El yoga tántrico se centra ante todo en la sanación espiritual, y sobre todo en la integración del cuerpo, la mente y el alma en un todo coherente. En la India se inscribe en una tradición antigua según la cual la sexualidad constituye una etapa importante y significativa en el camino hacia cierto grado de iluminación, una idea que puede sorprender a la mirada occidental, pero que encuentra su propia coherencia dentro de esta filosofía.
En las normas religiosas occidentales, el placer y el deseo sexual no suelen asociarse con la espiritualidad; ambos se mantienen, casi siempre, a cierta distancia el uno del otro. Esta diferencia de tradición explica en gran medida la línea fina a veces difícil de percibir desde fuera que separa las sensibilidades y actitudes hacia la sexualidad de las que se tienen hacia lo sagrado.
En la filosofía oriental, en cambio, se celebra el esplendor de la creación en lugar de mirarlo con desconfianza. De este enfoque nació, con el tiempo, un verdadero estudio, casi una ciencia, que busca comprender cómo sacar el mejor partido de esta experiencia, a la vez terapéutica y profundamente humana. En el Tantra, la energía misma se considera la fuente primera de la vida, un principio que recorre toda esta tradición.

Esta energía y este impulso sexuales se perciben así, dentro de esta tradición, como una forma de energía sagrada. Diversos ejercicios, junto con ciertos ajustes alimenticios, se proponen tradicionalmente para acompañar esta dimensión de la práctica: contracciones, trabajo de la respiración y el mantenimiento de determinadas posturas, en un espíritu cercano al resto del yoga.
A estos ejercicios se les atribuyen tradicionalmente varios beneficios, en particular una mejor función prostática o una mayor resistencia. Se trata de beneficios tradicionalmente atribuidos a esta práctica, más que de conclusiones médicamente establecidas: como con cualquier ejercicio relacionado con la salud, conviene mantener una mirada mesurada y, en caso de duda, consultarlo con un profesional de la salud.
Más allá del cuerpo, existen también ejercicios psicoespirituales, concebidos como caminos hacia una meditación sobre el amor incondicional. La idea, aquí, es menos alcanzar un rendimiento que desactivar la ansiedad y la incomodidad que a veces pueden acompañar a la intimidad: al desplazar la atención lejos de la presión de “hacerlo bien”, este enfoque busca aligerar aquello que, de otro modo, podría pesar sobre la relación.
Esta tradición insiste mucho en la atención hacia el otro: entregarse plenamente a la pareja, escuchando con sinceridad lo que realmente busca, se presenta en ella como una de las experiencias más ricas que existen. Se supone que la meditación y una práctica regular ayudan a afinar esta atención, lo que, según esta tradición, puede fortalecer la relación en su conjunto en lugar de reducirla a una cuestión de rendimiento.
Repetir ciertos mantras o cantos, junto con ejercicios de respiración y una meditación adecuada, forma parte de los medios tradicionalmente propuestos para acceder a estos beneficios.
Esta tradición también concede gran importancia a los preliminares, entendidos como un momento en sí mismo y no como una simple etapa transitoria, especialmente a través de masajes o gestos suaves, presentados como una manera de nutrir tanto el vínculo físico como una forma más amplia de atención hacia el otro.
El Reiki, esa práctica de sanación mediante la canalización de energía, se utiliza a veces, dentro de esta tradición, antes de un momento de intimidad. Se trata de un arte de sanación de origen oriental, en el que una persona canaliza su energía hacia otra mediante un contacto suave, una práctica que además se encuentra en muchos otros contextos además de este, desde el cuidado del cuerpo hasta el simple acompañamiento del descanso.
A través de la estimulación del tacto, se busca así alcanzar un estado de relajación más profundo, beneficioso tanto en el plano físico como en el relacional para las parejas que se involucran en ello.

El yoga tántrico lo sabe todo
El yoga tántrico, quizás más que cualquier otro enfoque, pone en primer plano la exaltación del ser físico. De este compromiso profundo con uno mismo surge el propio concepto de Tantra, y a sus seguidores se los llama tántricos.
Estos practicantes no se conforman con honrar el estado físico: llegan a explorar todos los grados de la relación con el cuerpo, con la esperanza de acceder a ciertos poderes que la tradición califica de ocultos. Hoy en día, esta forma de yoga ya no está muy extendida en la propia India; solo ha sobrevivido en algunas regiones remotas, en pleno corazón de las selvas y las estribaciones del Himalaya, allí donde las tradiciones más antiguas a veces se han conservado mejor, lejos de las grandes ciudades.

Su origen, sin embargo, sigue siendo objeto de amplio debate. Algunos investigadores lo atribuyen a los pueblos prearios, mientras que otros lo vinculan más bien a las costumbres de civilizaciones antiguas más amplias. Lo que se sabe es que surgió aproximadamente en la época en que el budismo vivía su pleno auge, una cercanía que probablemente no es casual: ciertas corrientes budistas llegaron incluso a integrar, con el tiempo, signos y símbolos propios del tantrismo, prueba de que estas tradiciones se influyeron mutuamente más de lo que se suele pensar.
El movimiento terminó por estructurarse en una verdadera escuela de pensamiento. Al igual que los Vedas antes que ellos, los Tantras se presentan como colecciones de poemas y versos, dedicados a los métodos considerados justos y adecuados para honrar lo sagrado.
Muchos ven en él una tradición oscura y mística, en parte porque se dirige ante todo a quienes la practican activamente, los sadhakas. Estos llevan una existencia de gran sencillez, en la que el yoga ocupa el lugar de la oración diaria. Suelen meditar en lugares solitarios, lejos del bullicio del mundo, reconocibles por sus túnicas y su cuenco de mendicante. Algunos venden, a lo largo de sus desplazamientos, plantas medicinales, conchas, amuletos o pequeñas piezas artesanales, subsistiendo así al azar de los encuentros más que de un salario regular.
Este modo de vida tiene sus luces, pero también, según algunos relatos, sus zonas más oscuras: se dice que algunos sadhakas se entregaron a excesos o a austeridades infligidas a su propio cuerpo, prácticas que la propia tradición tántrica reconoce como controvertidas. La sexualidad, bajo diversas formas, ocupa allí un lugar que el tantrismo considera significativo, sin que sea necesario detallar aquí más sus expresiones concretas.
Según esta tradición, existe un camino para alcanzar el siddhi, un estado de poder o de logro espiritual: la práctica de la Kundalini, a veces llamada el poder de la serpiente. Se dice que una práctica constante y regular permitiría que esta energía, representada como una serpiente enroscada en la base de la columna, se despliegue y se eleve progresivamente, liberando a su paso una forma de energía intensa. La tradición describe este ascenso como una experiencia física y psíquica profunda, hasta un punto culminante que algunos textos califican de estado de plenitud total. Una vez alcanzada esta cima, se dice que el practicante accede al estatus de sabio, o Sadhu. La tradición advierte, sin embargo, que, mal dominada, esta energía sería tan capaz de desbordar y desestabilizar profundamente a la persona como de elevarla, de ahí la importancia, insiste la propia tradición, de una práctica guiada y no realizada en solitario.
El tantrismo también se asocia, en algunos relatos, con un camino más transgresor, orientado a la adquisición de poderes sobrenaturales: algunos textos sugieren la idea de que la liberación pasaría por una libertad total de acción, incluso en contra de las normas morales establecidas. Se trata de una de las lecturas más controvertidas y debatidas del tantrismo, incluso entre los propios especialistas de esta tradición, y no debe confundirse con el conjunto de la práctica tántrica, mucho más mesurada.
A ciertos ejercicios de yoga tántrico también se les atribuyen beneficios para la salud general, en particular en el plano reproductivo, un poco como el sistema respiratorio necesita aire para funcionar bien. También aquí se trata de beneficios tradicionalmente atribuidos más que de resultados clínicamente establecidos, y se recomienda consultar a un profesional médico ante cualquier duda relacionada con la salud reproductiva o sexual.
Diversos ejercicios, tanto físicos como espirituales, contribuyen así a integrar el cuerpo, la mente y el alma en un conjunto más coherente. Muchos se prestan tanto para comenzar el día como para cerrarlo, antes de dormir. Gracias a esta práctica regular, se estimulan las funciones fisiológicas del cuerpo, contribuyendo, según sus practicantes, a revitalizar el bienestar general de una persona en su conjunto.
L. Marthe
L. Marthe

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